¿Dónde está Don Julio, Cardenal?

Hugo José Suárez

Amigos cercanos a menudo me contaban sus encuentros con Don Julio.  Por sus relatos, y por conocer su trayectoria en la lucha por los derechos humanos y en contra de la dictadura, aprendí a apreciar a Julio Terrazas.  Incluso alguna vez lo visité en Santa Cruz y tuvimos una agradable conversación, aunque no me dejó de llamar la atención la casa en que vivía, que estaba lejos de ser un recinto popular.

Cuando fue nombrado Cardenal (a principios del 2001), pensé que era una equivocación, pues el papa Juan Pablo II se caracterizó por evitar que en la élite eclesial participen sacerdotes de origen progresista.  Festejé el nombramiento y sentí que todavía la iglesia católica podía transmitir algo de esperanza a sus fieles.

Pero el retrato de Don Julio rápidamente se fue desfigurando.  Me asustó su cercanía con los organismos internacionales, sus afinidades con intelectuales de derecha y me pareció escandalosa la histórica foto en la cual él sale al centro rodeado por lo peor de la clase política del momento.  Era la firma del “acta de entendimiento” en junio del 2001, cuando el Cardenal prestó su investidura y su capital religioso para dar un último respiro al mundo político en decadencia.  Como siempre, se justificó el hecho con melosas palabras.

Los últimos años han terminado de modificar la imagen de Don Julio, y ha demostrado que debe ser llamado Cardenal.  Tal vez el entorno cruceño lo asfixió, o la élite con la que comparte la tierra pudo enterrar a Don Julio, o simplemente el espíritu santo dejó de atravesarse por su camino.  Lo cierto es que no supo leer los “signos de los tiempos”, y cuando los cristianos más pobres lo necesitaban, les dio la espalda.  Cuestionó que los indígenas en Santa Cruz vivan en condiciones de extrema explotación muy similares a la esclavitud, volvió a prestar su capital religioso para consolidar a la oligarquía del lugar y participó en un referéndum que para todos es sabido que no sólo fue ilegal sino además éticamente condenable y políticamente escandaloso. 

¿Qué le diría Don Julio, el que supo enfrentarse a la dictadura, al Cardenal Terrazas que camina del brazo ideológico de los terratenientes cruceños?

Tal vez las palabras que Néstor Paz pronunció proféticamente hace ya tantos años, sean de lo más pertinentes para nuestros nuevos actores religiosos: “Nos podemos sentar a leer largamente el evangelio como tantos señores Cardenales, obispos, pastores, que están muy bien donde están mientras el rebaño se debate en la soledad y el hambre (…).  Lastimosamente son los fariseos de turno”. 

Ojalá que el espíritu vuelva a tocar las puertas del corazón de Don Julio, que deje al Cardenal guardado y vuelva al lado de los cristianos oprimidos.

hugojosesuarez@yahoo.com