¿Basta de mentiras?, ¿quién miente?
Carlos Echazú C.
Hace unos días atrás, Bolpress ha publicado un artículo del señor Alfonso Gumucio con el título “Basta de mentiras”. En algún lugar de este artículo -que pasamos a comentar- su autor señala que “La situación del país es triste”. Seguramente en esta afirmación estaré de acuerdo con el señor Gumucio, pero será por razones completamente distintas a las que el tiene para sostener eso.
A mi me parece triste la situación del país porque, entre los terribles males que le aquejan, está el verse expuesta a las opiniones de “analistas” de la política que, en principio, no hacen más que repetir mecánicamente las vulgaridades que emiten los presentadores de noticias de los canales de televisión. Sin embargo, en defensa de esos presentadores de noticias, diremos que lo hacen por cuidar su pega y no enfadar a los dueños de los medios. En cambio, de los “analistas” deberíamos poder esperar algo más que las trivialidades que emiten estos pobres hombres y mujeres de los medios.
Lo cierto es que hay que ser ciego para no ver que las clases empresariales de Bolivia están empeñadas en una terrible campaña de desprestigio contra el gobierno de Evo Morales que ha iniciado un tímido proceso de cambios en el país. Naturalmente se niegan a perder los privilegios que han detentado durante tanto tiempo y por eso hacen y harán lo inimaginable, no sólo por desprestigiar, sino también por desestabilizar al único gobierno realmente legítimo que tenemos desde que se restauro el proceso democrático en Bolivia.
Veamos en que consiste el discurso político que han generado estas clases para perseguir sus fines y que es repetido groseramente por todos los medios de comunicación privados y por sus “analistas”. Se sostiene que la demanda por la Autonomía, nos guste o no –para citar a Gumucio- es una reivindicación profundamente arraigada en las grandes mayorías del pueblo cruceño y que el gobierno se opone a ella porque tiene “un proyecto centralista”. Sin embargo, basta una mirada muy superficial a nuestra historia reciente para constatar los siguientes hechos: Si bien es cierto que la demanda por autonomía tiene larga data en Santa Cruz, ésta no se había manifestado jamás con la vehemencia que lo ha hecho desde que Evo Morales es presidente. Los neoliberales y las clases empresariales, que ahora se rasgan las vestiduras exigiendo Autonomía, no solo habían callado sus supuestas ansias autonomistas, si no que habían participado activamente de los gobiernos neoliberales ejerciendo el centralismo más secante que nos podamos imaginar. Habrá que preguntarse entonces ¿Por qué ahora, de repente, se han vuelto autonomistas?, ¿Es que Evo Morales es más centralista que los otros? Para sostener eso, habrá que ser realmente ciego, puesto que en ningún otro gobierno, el pueblo ha elegido en elecciones a sus prefectos, así como en ningún otro gobierno las prefecturas han tenido el presupuesto crecido que les ha otorgado la política de Evo Morales.
¿Cuál es entonces el verdadero trasfondo del asunto? Nuevamente habrá que ser ciego ( y cito nuevamente a Gumucio cuando dice que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”) para no darse cuenta que los neoliberales y sus clases empresariales han perdido el poder político en el occidente del país y por eso ahora, de manera interesada, empujan y reviven la vieja demanda autonomista, para retener el poder político en el oriente.
Ahora bien, imagino que algunos, querrán argüir que, independientemente de las intenciones de las clases empresariales, la “legítima” demanda autonomista ha echado raíces en el pueblo cruceño y eso lo prueba el referéndum del 4 de mayo. Gumucio, por ejemplo no sabe si “reírse o avergonzarse” de las declaraciones de Evo Morales, cuando en la noche del domingo sostuvo que el referéndum fue un fracaso.
¿Qué prueba, en realidad, el referéndum del 4 de mayo? Habrá que ser muy ingenuo para sostener que los plebiscitos o las elecciones miden las preferencias de los electores. Eso está bien para un cuento de hadas. Los procesos electorales, en realidad, miden las capacidades que tienen las elites para difundir sus ideas que, de modo maquillado, representan sus intereses. Claro que esas elites no le van a decir al pueblo cruceño que quieren autonomía para hacer de Santa Cruz su feudo. Les dirán que quieren Autonomía para darles mayor democracia y bienestar. Si ese discurso es propagado miles de veces hasta la saciedad por todos los medios de comunicación a toda hora y en todo lugar, entonces comienza a generarse una adhesión de muchos sectores a esas ideas. Al final del proceso, las elecciones sólo medirán en qué grado las elites han podido convencer a los electores. Este es el secreto –desayúnense los ingenuos- de porque las clases capitalistas terminaron aceptando, y luego promoviendo, regímenes democráticos.
Por otro lado, Evo Morales si se equivocó en una cosa la noche del domingo. Pero esa equivocación no está, ni de lejos, donde Gumucio la quiere ver. El error de Evo Morales está en haber aceptado que la opción del SI pudo haber alcanzado el 50%. Las denuncias del fraude cometido, que según Gumucio “no están sustanciadas”, son tan evidentes que sólo un ciego puede dejar de verlas. A todos aquellos que sinceramente piensan que pudo haber sido la misma gente del MAS la que marcó las papeletas para desprestigiar el proceso, les insinuó que vean los elementos que conforman el contexto: Una corte departamental electoral abiertamente parcializada por la opción del SI, jurados electorales improvisados y designados por los mismos adherentes de la opción del SI, una niña jurado electoral de 14 años que sostuvo haber sido designada en la reunión de la gente del SI, la Unión Juvenil fascista…,perdón, digo Cruceñista cuidando ánforas, esa misma que Gumucio dice que “no apareció por las calles” (uno se pregunta entonces ¿con quienes estaban peleando los del Plan Tres Mil?). Por todas estas cosas, una valoración independiente e imparcial deberá sostener ineludiblemente que el fraude que cometieron fue generalizado. Esto quiere decir que el apabullamiento de los medios de comunicación no les sirvió, entonces, ni siquiera para convencer al 50 % de los electores.
Hay una cosa más que los “analistas”, Gumucio incluido, desdeñan; es el rol de la abstención. No se trató de una abstención pasiva que pudiera dar la impresión de indiferencia. Se trató más bien de una abstención militante que claramente repudiaba el referéndum. Prueba evidente de eso es la quema de ánforas, los combates contra la Unión esa y la policía y los bloqueos de caminos que se generalizaron, especialmente en las zonas populares y rurales. ¿No prueba esto acaso que los pobres de Santa Cruz se han dado cuenta de la manipulación logiera de empresarios y terratenientes?
Si de mentiras y manipulaciones se trata acá va una que viene del mismo Gumucio. Sostiene que “Incluso en el Plan Tres Mil, enorme barrio popular, ganó el SI”. ¿Acaso, la Corte o los medios han publicado las cifras absolutas del referéndum en el plan tres mil? Se limitaron a mostrar cifras porcentuales. Saben que de mostrar las cifras absolutas, se revelaría la enorme abstención que hubo en ese heroico barrio popular.
Por todas estas cosas, Evo Morales tuvo toda la razón, cuando el domingo en la noche sostuvo que el referéndum fue un fracaso. No es cierto pues que nuestro presidente indígena sea “incapaz de analizar un tema en profundidad”, como afirma Gumucio. Por el contrario, tiene mayor claridad que muchos intelectuales que alardean de sus títulos académicos y que a la hora de la verdad no pueden hacer una análisis serio de la realidad.
Finalmente hay una cosa que sorprende del artículo de Gumucio. Sostiene que: “La posición de la llamada “Media luna” es clara: nos vamos al otro extremo para que luego podamos negociar y llegar al “juste milieu”, a un punto intermedio que convenga a todo el país”.
Por un lado, es curiosa opinión de que un punto intermedio conviene a todo el país. ¿Qué significará eso? Que los terratenientes no esclavicen, sino sólo semi-esclavicen a los guaraníes, que los neoliberales no rifen todo el país, sino sólo la mitad. Qué los empresarios no hagan de todo Santa Cruz su feudo, sino sólo la mitad de ese departamento.
Por otro lado, sorprende que Gumucio no vea las verdaderas intenciones de las elites cruceñas. Enormes masas de cientos de miles de personas en El Alto, La Paz y Cochabamba han denunciado, en fabulosas manifestaciones, las intenciones claramente separatistas de las logias de Santa Cruz. O Gumucio no las vio y entonces no hay peor ciego que el que no quiere ver, o no las nombró en su análisis por que le parece que no pertenecen al contexto y entonces hay que lamentar que su análisis no tenga la capacidad de tener en cuenta esos factores que a otros nos parecen de suma relevancia.
http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2008050805&PHPSESSID=b95945b89cd1d3a...
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