¿COLOMBIA FASCISTA? por Guillermo Padilla

Preocupa, y  mucho, el fenómeno de la deshumanización del otro que se expande en Colombia como una hiedra venenosa.  Ojala me equivoque pero cada vez Colombia se parece  mas a España, Italia y Alemania al final de la primera mitad del siglo XX. Para la inmensa mayoría en nuestro país, (el 83%, según nos revelan las encuestas), Uribe merece el apoyo ciudadano por sus  discursos y practicas.  La posición intransigente y firme de no negociar con el terrorismo del presidente Uribe, nos remite de nuevo a la Europa de los años treinta cuando surgió la teoría respecto a Alemania e Italia que se sustentaba bajo la premisa que si usted alimentaba al tigre este no se lo comería. Dicha política, afirman quienes se oponen a la negociación, no funcionó en ese entonces y no funcionará ahora. En el momento actual esa posición se afirma sobre la base de una superioridad en la tecnología de las armas y la guerra, esta superioridad ha impuesto el modelo, desarrollado especialmente  desde Israel, de la teoría de la no-negociación.  ¿Para que negociar con quien estamos en capacidad de  borrar de la faz de la tierra? El modelo vigente del capitalismo que se concentra en la producción de bienes y servicios cuya prioridad se define desde el poder, eufemísticamente llamado mercado y no desde las necesidades de la población, ha llevado a concentrar buena parte del PIB de los países desarrollados en la producción de armas. Mismas que necesitan de demanda en el mercado, para lo cual es indispensable generar guerras, pues estas son a las armas como el agua al  pez.  Para eso ha emergido el neoliberalismo que funciona sobre la base de la excepción: sí, a los derechos humanos, pero no para todos, no para los terroristas, esa entelequia creada para reemplazar a los comunistas, a los que prácticamente acabaron, y que son  indispensables en la tecnología de control social, con  base en el miedo al otro.   Se evidencia una continuidad en esta lógica que va de Abú Graib, a Guantánamo, y que como tecnología de deshumanización neoliberal, se ha aplicado extensivamente en las zonas palestinas de los territorios ocupados por Israel. Esta aproximación se ha expandido por el mundo, como una de las características mas perversas del nuevo orden global.   Es una paradoja horripilante, que esa deshumanización desde el poder, que ha funcionado a lo largo de la historia, para borrar al otro, según la cual hay unos seres humanos que no califican como tales y son sujetos de derechos disminuidos o no derechos: los judíos, los musulmanes, los impíos, los herejes, los indios, los negros  y la mujer, fueron los clásicamente excluidos por los mas de dos mil años de la mal llamada civilización  cristiana, también conocida como occidental y moderna.   Decía que es una paradoja, que el Estado de los sobrevivientes del holocausto, la máxima expresión de exclusión, sean los principales promotores de la teoría de la no-negociación y la subsiguiente muerte, como único resultado posible, pues lo otro, sumisión, silencio y humillación, es incompatible con la dignidad humana. Pues aunque el neoliberalismo lo niegue, sí, ese otro, también es humano. Uribe, es la versión tropical, después de casi seis mil millones de dólares de ayuda militar estadounidense del Plan Colombia, de esta versión del fascismo neoliberal. Nadie parece preguntarse en Colombia que ese retrato de la vida difícil en las selvas, la lesmaniasis, el paludismo, la escasez, los insectos y animales predadores, que tanto molesta, perturba y preocupa cuando se trata de analizar las fotografías de los secuestrados o de escuchar los relatos de los que las FARC habían venido liberando unilateralmente, esa realidad, es en la que los guerrilleros han vivido por mas de cuarenta años. Se dirá que estos están allá por su libre voluntad. Pero es realmente libre esa voluntad? Hace poco escuchábamos de boca del presidente del Polo Democrático Alternativo, el maestro Carlos Gaviria, en visita que hizo al campus de la Universidad de Texas en Austin, que según datos recogidos por el mismo Estado colombiano, la mayoría de los  miles de menores de edad reclutados para la guerra tanto por las FARC como por los grupos paramilitares, estaban allí “voluntariamente” y las comillas son para resaltar las causas que los llevan a preferir esto a la opresión y  violencia de que eran victimas en sus hogares y escuelas. Algo que intencionalmente los medios de comunicación en Colombia no mencionan, o lo hacen cada vez menos, son las causas de la guerra, la cual es incluso negada por la administración  de Uribe, según la cual en Colombia no hay conflicto armado, sino sencillamente la actividad de grupos de bandidos terroristas y narcotraficantes. La historia colonial y republicana de Colombia de concentración del poder político y económico, hegemonía de elites y clases con base en guerras civiles, democracia restringida, existencia precaria o nula del Estado de Derecho, ausencia de reforma agraria, pactos traicionados donde ha imperado la muerte del que ingenuamente confió en la palabra del poder: ejemplos que van de la traición a los comuneros con la desmembración de Galán; que pasan por la eliminación de los guerrilleros admistiados por la dictadura de Rojas Pinilla hasta el genocidio practicado a la Unión Patriótica con sus cerca de cinco mil dirigentes y militantes asesinados. En ese contexto se podría afirmar que ¿los que están en el monte, están allí  voluntariamente?   Si hay algo común a la mayoría de los militantes rasos  de las fuerzas en conflicto, guerrilleros, paramilitares y soldados, es la obligatoriedad en que las circunstancias históricas, producto de los modelos políticos y económicos  impuestos desde arriba, los forzaron a ingresar a sus filas, generalmente para poder precariamente sobrevivir. Pero lamentablemente una característica perversa de este conflicto es la progresiva deshumanización del otro. Proceso que se observa entre la totalidad de los actores del conflicto. Los paramilitares y su practica de la motosierra como argumento principal para convencer a los campesinos sobre los peligros de, no digamos simpatizar, sino de no denunciar a la guerrilla; el uso de serpientes venenosas y el descuartesimiento como medios para no dejar rastros y evitar así el no exceder el limite impuesto por la definición jurídica de masacre; los militares colombianos que miraban al otro lado cuando los paras hacían el trabajo sucio; o los soldados que eliminan civiles indefensos para luego vestirlos de guerrilleros y conseguir así cinco días de permiso; los nefastos falsos positivos que no han merecido ni una reprimenda oficial al actual Ministro de la Defensa Nacional. La guerrilla que ha envilecido sus metas sociales con la conversión en mercancía de los secuestrados civiles no  directamente involucrados en el conflicto armado; y el uso de cilindros de gas y minas antipersonal como armas de destrucción masiva.    Pero el Estado quien esta mas obligado, por su tamaño, función y legitimidad en el uso de la fuerza, a promover y respetar los derechos humanos, hace  lo contrario. Tan convencidos de su retórica manipuladora están, que el enemigo convertido por la propaganda oficial en individuos sin derechos, toda vez que  no se trata de seres humanos sino de “terroristas” , les hace difícil entender que un país soberano como el Ecuador se moleste, por que con premeditación y alevosía se prepare y ejecute una operación que viola su soberanía territorial, para asesinar una veintena de  guerrilleros mientras dormían. Que todo esto suceda en un país donde constitucionalmente se obliga al respeto de los derechos humanos y los derechos fundamentales, que incluyen el debido proceso, el derecho a la defensa y donde no existe la pena de muerte, no deja de ser elocuente sobre los límites de la coherencia entre las institucionalidad y la practica por parte del Estado. Nuestro conflicto armado es cada vez menos nuestro, no solo por la influencia de los Estados Unidos y su plan Colombia, sino por la internacionalización del mismo para quien las fronteras son apenas argumentos. En el ajedrez geopolítico mundial ¿que ficha es Colombia? Nuestra posición como aliados fundamentales de los Estados Unidos en América Latina, nos obliga a mirar con atención lo que sucede en este país en el proceso electoral. La próxima administración que será demócrata, a no ser que ocurra una hecatombe, nos lleva a dejar por fuera la dicho por McCain, el candidato republicano, cuya postura sobre Irak al afirmar que no ve problema que su país se quede allí por 100 años, no deja dudas sobre su  convicciones en política internacional. Concentrémonos entonces en lo dicho por los dos candidatos demócratas. Lo que dijo Hilary: “La orden de Hugo Chávez  de ayer, de enviar diez batallones a la frontera con Colombia es injustificada y peligrosa. El Estado colombiano tiene todo el derecho de defenderse de traficantes de droga y de organizaciones terroristas que han secuestrado civiles inocentes, incluyendo ciudadanos americanos. Al elogiar y apoyar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Chávez esta abiertamente tomando partido a favor de terroristas que amenazan la democracia colombiana, la paz y seguridad de la región. Antes que criticar a Colombia por sus acciones al combatir grupos terroristas en sus fronteras, Venezuela y Ecuador deberían trabajar con su vecino para asegurar que sus territorios no se conviertan en asilos seguros para grupos terroristas.  Después de revisar la situación, tengo la esperanza que el gobierno del Ecuador concluirá que sus intereses  están mas cerca de la cooperación con Colombia en este tema. Hugo Chávez debe terminar con sus acciones provocadoras”. No deja de ser interesante que para la senadora Clinton la amenaza fundamental sea Chávez y la violación de la soberanía del Ecuador no le merezca una palabra. Algo parecido había dicho el presidente Bush con anticipación. Lo dicho por Obama: “El pueblo colombiano ha sufrido por más de cuatro décadas de las manos de una insurgencia terrorista y  brutal y el Gobierno colombiano tiene todo el derecho de defenderse de las   Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La reciente muerte  del importante líder de las FARC no puede usarse como pretexto para exacerbar las tensiones o amenazar la estabilidad en la región. Los presidentes de Colombia, Ecuador y Venezuela, tienen la responsabilidad de asegurar que esta clase de eventos no se disparen fuera de control, y que cualquier disputa se pueda negociar pacíficamente, por medio de una activa diplomacia con la ayuda de actores internacionales” por lo menos el senador por Illinois insiste en la negociación como una opción importante. Los tambores de la guerra que hoy 6 de marzo ahogan las consignas de las marchas, anuncian la compra de Colombia por cientos de millones de dólares de 24 aviones KFir israelitas, con capacidad para transportar 6 toneladas de armas y bombas y con tecnología de punta, como la utilizada en el ataque en territorio ecuatoriano. Así mismo Colombia compraría un tanque aéreo el B767 que permite alimentar con gasolina los aviones de combate en pleno vuelo, de manera que alcancen los KFir totalmente cargados de bombas cualquier punto de la geografía venezolana, como lo dice la pagina Web Strategy Page, (News as History. March 6, 2008. Colombia Gets an Aerial Tanker). En este contexto la aplicación de la doctrina de la superioridad militar y por ende la no-negociación constituye  un crimen de Estado. Uno mas que lo único que consigue es la agudización de un conflicto que podría solucionarse si se aceptara una negociación política que fortaleciera la democracia formal y el Estado de Derecho. Un ejemplo patético de esta violación a las mismas reglas que el Estado en Colombia ha aprobado en su equivoca busca de soluciones a su conflicto endémico, es la violación a la soberanía del Ecuador y la pretensión de judicializar el conflicto con Venezuela, un país al que Colombia en el pasado reciente ha violado su soberanía en mas de una ocasión. Las respuestas militaristas a los conflictos son un sonido dulce para la ideología neoliberal, con tanta producción de armas los países productores necesitan activar el mercado, irónicamente los mayores son los seis permanentes y con veto en el consejo de seguridad de Naciones Unidas. Esta estrategia no puede dejarse sorprender por la amenaza de una diplomacia exitosa. La misma que con el acompañamiento de Raúl Reyes, el comandante de las FARC asesinado, había logrado la liberación de seis de los secuestrados por la guerrilla, cuatro apenas unos días antes del operativo en Ecuador. El preámbulo de la constitución vigente en Colombia dice”…con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, ….(se crea) un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiere CONSTITUCION POLITICA DE COLOMBIA” ¿Es en la forma  como actúa el Estado colombiano tanto con sus ciudadanos como  con las naciones hermanas, que se cumplen los preceptos constitucionales de asegurar la vida y derechos de sus ciudadanos e impulsar la integración latinoamericana? Si la respuesta es positiva, estamos muy mal y si es negativa es un motivo para marchar, no solo el 6 de marzo sino los mas de tres largos años que aun restan de administración al gobierno de Uribe. Todo parece señalar que la mayoría de  los colombianos  no quieren verlo como lo que es: una larga y afilada uña de la mano de la muerte del imperialismo neoliberal,  corporativo y multinacional.  

Austin, Texas, marzo 6, 2008  

Guillermo Padilla

Profesor visitante

Universidad de Texas en Austin

guipadillar@yahoo.es