El Alto: en el 23 aniversario de su creación
En el altiplano, donde la mirada tropieza con montañas tras montañas. "horizontes que siguen a horizontes, lontananzas detrás de lontananzas”, como describía Franz Tamayo. Aquí, esta situada la ciudad de El Alto, como un mosaico diverso, complejo y estratégico, por su ubicación, por su crecimiento y por el valor de la gente que habita en todas estas calles.
EL PODER VECINAL: FEJUVE EN LA GUERRA DEL GAS EL 2003((i))LP
El Alto!!!, ¿Qué no se divisa desde esta planicie?, así también pensaron Tupak Katari y Bartolina Sisa, en 1781, cuando instalaron los campamentos rebeldes en El Alto de la Batalla. Los descendientes de los sublevados de aquel entonces conforman el grueso de la población, con un origen en la migración aymara, principalmente, y también la fuerza de la memoria minera, quechua y de otras ciudades y regiones del país.
A inicios del siglo XXI, entre el ruido de las avenidas alteñas, nos encontramos con una historia marcada en todos los lugares desde los cuales las barricadas de octubre del 2003, resistieron y lograron la caída de asesinos y usurpadores, es la ciudad más joven del país, con los sucesos más cruentos de estos últimos años.
El Alto, tiene una población marcadamente joven pues el 50% de sus habitantes tiene menos de 19 años y, por su puesto, los “datos estadísticos” señalan diversos niveles de pobreza: 62.681 ciudadanos “en el umbral de la pobreza”, 312.807 habitantes con “pobreza moderada”, 108.434 “indigentes” y otros 3.263 ciudadanos “marginales”. Los nueve distritos oficiales y dos nuevos de la ciudad, esconden dentro suyo estas crònicas diarias dichas a veces con cifras que siempre resultan más frías que la realidad.
De toda la población, por cada centenar de hombres existen 102 mujeres, sobre todo en los grupos entre los 10 y los 49 años. Mujeres presentes también de manera definitoria en las calles en tiempos de levantamiento.
La complejidad de la ciudad, puede palparse en todas sus calles, con un crecimiento acelerado, ya que desde su nacimiento El Alto ha sido una zona dinámica, entre industrias grandes y pequeñas, estudiantes, comercios, servicios; obreros, comerciantes, microempresarios, todo entremezclado en la gran escena urbana. La Ceja con sus puestos pequeños de venta, frutas, verduras, baterías, cds piratas, entre las rieles del ferrocarril que pasaba por allí, comida, “pajpakus”, puentes y pasarelas, el camino al Aeropuerto Internacional, y a algunos metros de allí gente que discute en el “Parlamento del Pueblo”, vendiendo las obras de Fausto Reinaga, cerca de la “alcaldía quemada” a cuyas puertas hay otros negocios de ropa. El cotidiano también se desenvuelve en La gran feria de la 16 de Julio, donde los jueves y domingos, todo puede ser hallado.
Y, sobre todo, cuando hablamos de El Alto, hablamos de una población que posee una de las más fuertes redes de organización social: con un poder territorial (a través de las 562 juntas de vecinos); laboral (a través de los gremios y sindicatos) que son poderosos y participaron activamente en las Jornadas por la Nacionalización de los Hidrocarburos, c) clubes de madre; grupos de jóvenes, manzaneras y otras. De estas redes nacieron los bloqueos de avenidas, el Paro Cívico contra la venta del gas, la resistencia ante los disparos de ráfagas de metralletas ordenados por Sanchez de Lozada, la respuesta de avanzada ante nuevos desafíos. Estas son las raíces de la tradición y experiencia que ha transformado a esta ciudad en un referente de lucha e insubordinación, para el Alto de la Batalla.
El Alto de Pie Nunca de Rodillas.
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