La barbarie se ha hecho presente. El linchamiento de tres policías no es un caso aislado, si no un capítulo más de la historia que empieza a escribirse con la irrupción de una ideología basada en el odio a los que no son del grupo, del sindicato, del partido, del mismo color de piel, o que hablan distinto. Se trata de un rechazo a flor de piel, sin escarbar mucho en las diferencias de opinión o de concepciones sobre la economía, la política o la sociedad boliviana. Del odio a las acciones de revancha o de violencia física hay un corto paso, y se lanzan contra todo lo que refleje o proyecte las frustraciones de los propios simpatizantes del MAS.
El gobierno es consecuente con su discurso y apoya abiertamente los asesinatos, las torturas, los linchamientos, la quema de ciudadanos a vista del público y frente a las cámaras de Tv. Cuando se colgó y degolló a perros como demostración de “cultura originaria o indígena andina”, se horrorizó medio planeta civilizado; todas las sensibilidades del mundo sintieron un enorme vacío, hacia la nada, hacia lo irracional, era la vuelta a las cavernas. Sí, el retorno a lo primitivo, a lo salvaje sin romanticismos, a la negación de todos los avances que el hombre poco a poco ha logrado a través de siglos. La advertencia de los bárbaros se está haciendo realidad, se está ejecutando. Se rechaza la civilización y se vuelve a la práctica ancestral, movida por instintos de supervivencia, a la generadora de rencores no justificados racionalmente, a la razón de la turbamulta, a la pérdida de identidad y de personalidad. Es la confirmación de la tesis de los ideólogos del masismo, mezcla de hechiceros y sacasuertes, donde los libros sobran y constituye una honra el no haber leído ninguno.
Ayer fueron perros, hoy son los “hijos de perra”, perros humanos. El Estado no existe, los órganos para ejercer autoridad en esas regiones, o en esas comunidades, “no tienen pisada”, según declaraciones de la propia Policía Nacional. Y la verdad que no hace falta, ¿para qué?, si allí no se reconoce la ley, ni la representación de una comunidad organizada. Los habitantes de esas zonas no son bolivianos, porque no aceptan vivir bajo unas normas que constituyen el armazón que hace de los pueblos dispersos en esta inmensa geografía, un Estado. El escudo del silencio cómplice y la impunidad como norma comunitaria rompe el Estado de Derecho. Y el intento de incorporar estas prácticas a la nueva CPE es sencillamente una aberración social, jurídica y moral.
Hay que reconstruir Bolivia, porque el Estado actual definitivamente ha fracasado, hace aguas por todos lados, y no se puede ni imaginar lo que quedará después del MAS, de seguir la línea trazada. No se puede esperar la respuesta de un gobierno que ha demostrado hasta la saciedad falta de capacidad y de vocación siquiera para intentarlo, porque, desde el momento que se plantea un proyecto racista, excluyente, totalitario, está destinado al rechazo de la gran mayoría mínimamente informada y cultivada. Este gobierno, tiene además las voces embargadas, porque ya son muchos los casos de linchamientos en sólo dos años que se pierden en las oscuras promesas de investigación. Ningún caso resuelto, ni siquiera de aquellos públicamente presenciados y denunciados. Por el contrario, aparecen de continuo apoyos políticos a los líderes de semejantes conductas. ¿Acaso no se torturó y asesinó al “camba” Rolando Gira en plena sede sindical, en Senda 6, cerca de Ivirgazama?; ¿ya están juzgados los autores? El enfrentamiento fratricida es un riesgo real, especialmente entre estos grupos amparados en el poder del narcoterrorismo y una sociedad que ha elegido para vivir normas universales de igualdad, fraternidad y libertad. Esa es la raíz del discurso cocalero, aunque se trate de venderlo envuelto y adornado de indigenismo y falsas reivindicaciones históricas.
No debemos renunciar nunca a nuestra libertad, porque si la perdemos la esclavitud no tiene límites. Hace poco le preguntaron al Presidente del Parlamento Nacional de Cuba, por qué no tenían derecho a viajar, a donde quisieran, como hacían los bolivianos. La respuesta fue asombrosa: “Aprecio que sea preocupación de los jóvenes cubanos la posibilidad de visitar las pirámides de Egipto o de viajar a Bolivia”, dijo, y agregó, “Si todo el mundo, los 6 mil millones de habitantes pudieran viajar a donde quisieran, la trabazón que habría en los aires del planeta sería enorme, los que viajan realmente son una minoría”.
Santa Cruz festeja su 447 aniversario asumiendo el reto del liderazgo nacional, con una visión clara y una voluntad decidida a hacer de Bolivia un país moderno, democrático, progresista, e integrado al mundo civilizado. El régimen de autonomías voluntarias y graduales que se irá implementando a partir del Referéndum Departamental del 4 de mayo marcará el hito de la esperanza para los pueblos de Bolivia.