Mercedes, alma de guitarra

En sus conciertos Mercedes Sosa, suele dedicarle a su pueblo, alguna zamba y en el estribillo gritar a toda voz: “Viva Tucumán carajo, menos uno”.

El General Antonio Bussi, en su casa del exclusivo barrio de Yerba Buena, en Tucumán, comprada con el dinero que le robó a los desaparecidos, mira la televisión y no puede contener la alegría, Mercedes Sosa se muere, nuestra “aromada florecita”. Que haremos sin ti. Que hará Charly. Que haremos.

Los porteños que han estigmatizado, a cada provincia argentina, dicen que Jujuy es un pueblo de “kollas”, y que Tucumán, el pueblo de la mercedes, es un pueblo de ladrones.

La Sociedad Rural Argentina, llena inmigrantes europeos y de prejuicios, que financia la campaña del desierto para exterminar indígenas, acuño aquel mote tremendo para nombrar a los pobres, a los feos, a los marginados, les puso, nos puso: “los cabecitas negras”.

Los argentinos llaman a mercedes “la negra” y hasta los negros para referirse a ella le dicen, la negra. Es por cariño dicen.

En los años funestos de nuestros países, ella siempre estuvo. En 1975, la Triple A, organización de asesinos, la amenaza de muerte para obligarla al silencio, pero nada.

Luego del golpe del 1976, a pesar de la feroz represión y de la prohibición de sus discos, se queda en Argentina.

En 1979, en la ciudad de La Plata, la policía interviene un concierto, la golpean y se la llevan detenida junto a otros 350 espectadores.

Así era ella, así es. Ahora se nos va al cielo de las guitarras. Que nos lleve un saludo a Benjo Cruz, a Alfredo Zitarrosa, a Violeta, a Alí Primera, a Noel Nicola. Y que luego regrese a cantarnos y decirnos que nos ha extrañado.