POR: RENOPLA
Vivo en la dictadura de la minoría en Bolivia, un tiempo, en el que los que apoyamos al gobierno de Evo Morales convivimos con el miedo. El miedo de lo que implica creer en la justicia social en un país en el que las minorías han hecho carne de las prácticas dictatoriales del terror. El temor de ser discriminados en nuestros trabajos y espacios sociales, de ser golpeados por los grupos neo fascistas que bajo la bandera de "democracia" disfrazan sus prácticas de terror que ya han quedado marcadas en los rostros y cuerpos de muchos hermanos bolivianos en Santa Cruz y Chuquisaca que tuvieron como único "pecado" para la agresión el tener rasgos indígenas.
Soy de la generación que nació con la dictadura del general Hugo Bánzer Suárez, un periodo en el que cientos de bolivianos fueron forzados a dejar su tierra para vivir en el exilio para no perder la vida y en la que muchos de los que no salieron murieron por vivir luchando contra la opresión en busca de la justicia social.
Hoy, en este nuevo escenario, en el que un indígena es presidente de Bolivia, una nación mayoritariamente indígena, estoy confundida. Me confunde que esa minoría afiliada a los sectores de terratenientes y empresarios de la derecha denuncie ante los organismos internacionales (sintomáticamente en Miami) que el país está sufriendo por la presencia del "dictador" Evo Morales. Y esto me confunde porque cuando recuerdo todas las cosas que viví en mi infancia, que sé que vivieron mis padres y muchos bolivianos en tiempos de la dictadura, no encuentro ni un solo acto que me hable de conducta dictatorial en el gobierno de Evo Morales.
Según recuerdo, no es dictadura querer que las tierras ociosas sean revertidas para darlas a quienes no tienen siquiera un espacio "para caer vivos". Si no me equivoco, y estoy segura de que no lo hago, tampoco es dictadura el querer que la riqueza natural de un país beneficie a los mismos pobladores del país, en lugar de beneficiar a los mismos empresarios de los países de siempre. No encuentro que haya dictadura en proponer una Constitución que establezca que todas las personas durante toda su vida deben tener atención en salud, o que es obligatorio para el Estado garantizar el estudio hasta el bachillerato.
Y si bien siento mucho que hayan habido muertos (extrañamente convenientes para las banderas de la derecha) en Chuquisaca y tengo mis serias dudas de cómo fueron victimados, tampoco encuentro que sea un acto de dictadura el que la policía defienda a más de 100 constituyentes que estaban siendo cercados desde las montañas, con el fin de ser linchados, a pesar de ser representantes nacionales.
Por el contrario, puedo ver estos actos delictivos de las dictaduras, esta vulneración de la dignidad humana en las acciones de los sectores opositores.
Los veo en la violencia que sufren los bolivianos que tienen rasgos indígenas, o aquellos que son más morenos, o quienes tuvieron la mala idea de pasar por el lugar equivocado.
Los veo en el terror de expresar lo que uno piensa, en las represalias de los jefes, en los amedrentamientos en el trabajo y en los restaurantes.
Los veo en la tortura sufrida por el constituyente Félix Cárdenas, inicialmente golpeado por sus rasgos collas, pero luego casi linchado al ser reconocido como no derechista. Veo la dictadura en la certidumbre de la muerte que tuvo este delegado nacional por Oruro cuando, tras ser golpeado brutalmente, fue puesto sobre fuego para ser quemado y luego, ante las contradicciones entre los mismos torturadores, trasladado y encerrado en una escuela en espera de la decisión de cómo sería ejecutoriado.
Práctica dictatorial, por lo que recuerdo y si alguien recuerda algo distinto que me lo diga, es obligar a toda la familia del prefecto de Chuquisaca a huir para no ser quemados como lo fue su casa.
Tiene hedor a dictadura el que la casa del senador del partido Unidad Nacional por Pando, Abraham Cuellar, haya sido quemada en represalia por haber apoyado la renta dignidad que ofrece un apoyo económico a todas las personas de la tercera edad del país, sin distinción.
Tiene dolor de dictadura en medio de las cenizas de la casa de este senador haya quedado sólo su perro mientras que su esposa e hijos tuvieron que huir, despavoridos y a escondidas, al exilio de La Paz, mientras que sus padres y hermanos viven el terror de ser las próximas víctimas.
Tiene la indignación de las dictaduras que el fiscal Genaro Quenta haya sido golpeado por el presidente del Senado, José Villavicencio, por haber determinado la detención de Tonny Frank Gómezm una de las personas identificadas como autora de la quema de esta casa en Pando.
Vivo con miedo porque, a pesar de él, no puedo apoyar a la derecha, porque a pesar de que temo lo que me pueda pasar a mí y quienes piensan como yo, no puedo concebir que tengamos que seguir viviendo en tanta injusticia, no puedo concebir que lo correcto es trabajar para que los que tienen mucho tengan todavía más y no creo que sea "antidemocrático" trabajar para que los muchos que tienen poco o nada, tengan algo.
Vivo con miedo, pero el miedo aún no me ha detenido. Y si el miedo y los dictadores de las minorías logran atrapar este cambio, aún así no nos habrán detenido, porque el cambio seguirá viviendo en cada pobre, cada indígena marginado, cada niño muerto de hambre. Vivirá en todas las pupilas torturadas por la miseria que ya no puede ser.