A PESAR DE QUE LOS PRECIOS NO SIGUEN SUBIENDO Y HASTA HAN BAJADO, LAS CRISIS NO SE HA DETENIDO Y SE AGUDIZA
Alguna gente del gobierno, de manera muy optimista o deliberadamente demagógica, interpreta la estabilizació n de algunos precios en los mercados como si fuera un indicador definitivo de que la crisis ha tocado fondo y que se iniciará un nuevo proceso de mejoramiento general de la economía. Este razonamiento no tiene ningún asidero objetivo porque Bolivia no es una isla que, de manera independiente, pueda liberarse de la crisis estructural del capitalismo, cuando en las metrópolis empresas emblemáticas como la General Motors están quebrando catastróficamente y la desocupación se manifiesta con despidos cotidianos de centenares de miles de trabajadores, cuando los mercados internacionales se contraen de tal modo que reducen drásticamente los volúmenes de exportación de los países productores de materias primas y de otros insumos.
Lo que está ocurriendo a nivel interno es una contracción económica debido a que el circulante de dinero que pone en funcionamiento los mercados se está reduciendo, cada día hay menos plata para comprar alimentos y vestimenta, la gente deambula por los mercados con los bolsillos vacíos obligada a comprar un tercio o menos de lo que compraba antes. Los sueldos de los trabajadores son miserables, se han reducido drásticamente las remesas del exterior, como consecuencia de la caída de los precios de los minerales y de los hidrocarburos en el mercado mundial, también han caído los ingresos al Estado, etc., situación que está creando el fenómeno de que hay más oferta y menos demanda, hecho que obliga a bajar los precios descargando todo el peso de la crisis sobre los pequeños productores de alimentos y de otros enseres de primera necesidad. En este momento, quienes están sufriendo con mayor rigor las consecuencias de la crisis son los campesinos que tienen pequeños excedentes para concurrir al mercado local, los artesanos, las pequeñas empresas familiares que se dedican a la confección de ropa y otros artículos, los comerciantes minoristas, los transportistas y otros que constituyen la mayoría nacional.
Los empresarios privados ya empiezan a recurrir a mecanismos como la reducción de sueldos, el incremento de la jornada de trabajo, y otras medidas antiobreras para poder remontar la crisis y cuando no las pueden aplicar terminan cerrando las empresas y echando a las calles a miles de trabajadores. Esta dramática realidad pretende ser encubierta por el gobierno con circo electoral, con escándalos periódicos como eso del terrorismo, la denuncia de escándalos y corrupción en diferentes sectores o los pleitos internacionales en que se involucra al país.
El circo y el escándalo tienen un límite y las necesidades materiales se imponen echando por tierra toda maniobra distraccionista porque la capacidad de resistencia de los hambrientos se agota. En los últimos días se percibe una agudización del malestar en muchos sectores: el paro cívico de El Alto de La Paz , el paro de los transportistas en la misma ciudad, las movilizaciones de los comercializadores de ropa usada, las movilizaciones de los fabriles, etc., son los signos inequívocos de que el gobierno se verá enfrentado con graves problemas sociales en pleno proceso electoral.
Frente a la ausencia de una dirección que pueda articular la lucha de los diferentes sectores, corresponde forjar pactos intersindicales e intersectoriales para enfrentar de manera unitaria la lucha contra un gobierno que no mueve el dedo para tratar de resolver las necesidades de los explotados.

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