Eulogio Samo
Cuatro años de impunidad y una nueva muerte EN LA EMBAJADA AMERICANA
“No tenía ni para su pasaje” recordaron hoy otros heridos, en la caravana que acompañó el cuerpo del hermano EULOGIO SAMO hasta la marcha que arribó hasta la embajada norteamericana. Eulogio Samo, herido de bala en los días de octubre del 2003, después de cuatro años de pedir justicia, falleció finalmente, por las complicaciones causadas por sus heridas. “Tenía que prestarse [dinero] para regresar”, continuaron comentando sus compañeros, y es que efectivamente, como muchas personas que salieron a defender los recursos naturales del país, Eulogio Samo vivió todo este tiempo con una herida sin curar, sin el sustento económico suficiente y esperando respuestas de la justicia.
Marcha hasta la Embajada
Largas columnas de marchistas se dirigieron hasta la embajada norteamericana, en el camino se detuvieron ante las oficinas donde funciona la Aduana Nacional, exigiendo la renuncia de César López, actual director de la Aduana Nacional, ya que, según los marchistas, éste estaría implicado con el gobierno de Sánchez de Lozada, (“El general Cesar López no ha sido imputado dentro del juicio de responsabilidades por la masacre de septiembre y octubre de 2003; pero tampoco ha sido exonerado de responsabilidad. Su conducta esta siendo investigada”, anunciaba el comunicado: Sobre el General César López y su implicación en la masacre de 2003, del Comité Impulsor del Juicio de Responsabilidades, 19 junio 2007) Por este motivo, parte de la marcha llegó a apedrear la puerta de las instalaciones de la aduana.
Ante la sorpresa de los policías que estaban apostados resguardando la zona, la cabeza de la marcha logró entrar hasta la puerta de ingreso de la embajada, allí, frente al féretro y la mirada de los funcionarios de seguridad de la embajada, varios dirigentes tomaron la palabra, exigiendo la EXTRADICIÓN DE SANCHEZ DE LOZADA Y SU COLABORADORES, y anunciando, que en caso contrario, volverían, esta vez para ingresar a la embajada. “Se están yendo uno por uno”, dijo una dirigente de la Asociación de Heridos, refiriéndose a las personas que hasta ahora han perdido la vida, a consecuencia de las heridas físicas y sicológicas recibidas en octubre del 2003.
Mientras, el 17 de octubre del 2003, la gente festejaba en las calles la caída de Sanchez de Lozada, y los vecinos alteños anunciaban que no dejarían salir ningún avión que pretendiese hacer escapar al “gringo asesino”, por el aeropuerto de El Alto, una marcha de cansados mineros llegaba hasta la Plaza San Francisco, entre los aplausos de la gente apostada en una avenida que parecía transformada, con barricadas y llegan de gente que había luchado todos aquellos días.
“Todo esto configura un cuadro de sedición que, con el pretexto de la exportación del gas natural, ha violado la esencia de la democracia, que es el respeto al veredicto de las urnas para la elección de los gobernantes”, había escrito Gonzalo Sanchez en la carta de renuncia que era leída en el Congreso, mientras Sánchez se iba en una avioneta rumbo a Estados Unidos. Por su puesto, la “sedición” personificada en miles de personas que se reunían ya en San Francisco, mostró que existe otra forma de democracia, construida desde abajo, y que logró sacar a un “gobernante elegido democráticamente por las urnas”, y que había mandado a matar a la gente como en cualquier dictadura.Hoy en la tarde, en el cementerio General de La Paz, los restos de Eulogio Samo, fueron enterrados, recordándonos que los responsables de la masacre siguen impunes.