La bandera de la autonomía

Ahí está el porque la derecha se organiza mostrando una cara pública de cordero, que incluye referéndum y un constante llamado a la democracia y al federalismo, para ocultar al lobo que, con asesoramiento de la embajada yanqui, prepara el derrocamiento de un gobierno legítimo y popular, aún a costa de miles de muertos. El gobierno ha intentado dialogar y realizó ciertas concesiones para frenar las ambiciones de los grupos de poder y la oposición política, como la exigencia de la mayoría de dos tercios para aprobar la nueva constitución, concesión que luego tuvo que deshacer con un costo político alto. Lejos de apaciguarlos, le ha dado la certeza que presionando irán torciéndole el brazo al gobierno. Mientras las mayorías bolivianas quieren un estado democrático y pluricultural, libre y soberano, como lo han expresado en la nueva constitución, la derecha racita quiere a los indios de rodillas y pidiendo perdón. Es la derecha la que desconoce la constitución y la legalidad actuando claramente para preservar los beneficios de una minoría. Frente a los hechos de violencia promovidos por las bandas de derecha como en Sucre se debería actuar con el peso de la ley para juzgar a los responsables. La derecha ha tomado una bandera democrática como el federalismo (el estado Boliviano es tan centralista que en los departamentos no se eligen gobernadores) y la hizo propia bajo un contenido autonomista y en casos extremos separatista, como los sectores más extremistas de Santa Cruz, bajo el cual exigen autonomía económica de La Paz, y el derecho a cobrar sus propios impuestos y regalías, debilitando el poder del estado en beneficio de las zonas más ricas y productivas y a costa de las mayorías populares del altiplano. El gobierno quizá no haya tenido el reflejo suficiente para bloquear ese operativo tomando y haciendo suyo un federalismo democrático e integrado. La votación autonómica en Santa Cruz ha sido un golpe político para el gobierno.