Los pueblos indígenas de toda la región viven en este momento una

Esta ofensiva se expresa de forma violenta mediante el
cerco militar (el caso de Chiapas es crítico), la expropiación de
tierras, la destrucción de sus aldeas y comunidades, entre otras cosas,
todo lo cual les impide el ejercicio pleno de su autonomía como pueblos,
consagrada no solo por sus propios usos y costumbres sino por Convenios
internacionales como el 169 de la OIT.

- En el plano de los derechos de los trabajadores y trabajadoras,
vivimos actualmente un proceso de acelerada destrucción de la
organización sindical y de sus conquistas históricas, a través de la
flexibilización laboral como una herramienta para la mayor acumulación
de capital por parte de las transnacionales y del empresariado nacional.
La precarización de las condiciones de vida de las grandes mayorías se
da en un momento en que las tasas de ganancia de las expresas
exportadoras e importadoras, que se benefician del modelo, aumenta
aceleradamente. Los Tratados de Libre Comercio profundizan esta situación.

- Millones de campesinos y campesinas, indígenas, jóvenes, niños y niñas
de nuestra región, se han visto forzados a dejar su tierra natal para
emigrar hacia los Estados Unidos y Europa, en los últimos treinta años.
Este periodo corresponde, justamente, con la implementación del modelo
neoliberal, que expulsa a nuestra población. En los países de destino,
las y los migrantes sufren en pésimas condiciones de vida, de trabajo y
son discriminados en todos los ámbitos de la vida social. La vergonzosa
“Directiva de Retorno” recientemente aprobada por la Unión Europea, así
como el “Muro de la Vergüenza” que levanta Estados Unidos en su frontera
con México, simbolizan el desprecio que los países del norte sienten por
nuestros hermanos, que con su trabajo enriquecen a los dueños del capital.

- La juventud mesoamericana reafirma su identidad frente al
adultocentrismo propio del sistema patriarcal, que criminaliza las
formas de ser, saber y hacer de las personas jóvenes. En este sentido,
desconoce los espacios oficiales de juventud y las políticas demagógicas
de inclusión de las personas jóvenes, en el marco de las cumbres de
jefes de estado y de los gobiernos, por ser no solo inconsultas y
antipopulares sino por promover políticas que ven en la juventud un
problema, desde los patrones morales de las clases dominantes. En
muchos casos incluso las personas jóvenes son criminalizadas y sufren
todo tipo de discriminación, muy especialmente en el plano laboral y
académico.

- Finalmente, declaramos que la “democracia” actualmente existente no
garantiza la verdadera participación popular en la toma de decisiones y
no es por tanto, una democracia que permita la autodeterminación de los
pueblos. Lo que existe hoy es un sistema electoral que asegura que el
poder quede siempre en las mismas manos, mediante lo que algunos
gobernantes de la región han llamado una “dictadura en democracia”.
Consideramos que la participación política debe asegurarse en un marco
auténticamente democrático, lo que significa implementar mecanismos que
aseguren que la voz y demandas de las comunidades se incorporen en la
definición de las políticas públicas y del modelo económico.