Wilber Flores, presidente del Parlamento Indígena en Bolivia y parlamentario por el departamento de Chuquisaca, habla sobre las salidas a la crisis racial que se desató en el país, a propósito de un seminario sobre el tema, realizado el 2 y 3 de julio en la ciudad de La Paz. En la ocasión, cuando estuvieron presentes organizaciones, instituciones dedicadas a los derechos humanos, estudiantes e intelectuales de varias áreas, se planteó la necesidad de aprobar una ley antirracismo, pero también la necesidad de ir más allá de una norma legal e incursionar en el cambio total de la educación boliviana para que el funcionario público o privado, el religioso, el revolucionario, el político y hasta el propio indígena deje de prolongar la herencia colonial de la discriminación racial. Porque, recuerda Flores, el país no está advirtiendo que detrás de las acciones discriminatorias no queda sólo la huella de la violencia, sino queda la pobreza. No se puede desarrollar una sociedad que en sus entrañas guarda una mayoría constitutiva, pero excluida y distanciada de los beneficios que reportan los recursos naturales y productivos.
Wilber Flores Torres Varias fue agredido y perseguido varias veces en la ciudad de Sucre. El fue electo diputado uninominal, en el 2005, en las provincias rurales de Chuquisaca, por el Movimiento Al Socialismo. Desde entonces, no había vivido tantas situaciones límite al punto de pensar que estaba al borde de la muerte.
A pesar de ello, Flores anda buscando cómo solucionar esta especie de crisis racial en la cual a veces se pierde el optimismo. Y es que como señala el diputado “el racismo, la discriminación y la xenofobia son problemas de todos y de todos los días”.
“Tenemos que plantearnos desde la familia, la comunidad, las instituciones públicas y privadas, llevar adelante este cambio. Porque en Sucre, por ejemplo, es muy lamentable que la universidad pública esté formando jóvenes racistas, discriminatorios y violentos. Sus autoridades tienen que concientizarse y deponer esa política, deben darse cuenta que estamos aquí para vivir en armonía, complementariedad y unidad”.
Este camino que indica Flores apunta a cambiar el modelo de educación en Bolivia. “Hemos planteado una educación intercultural, solidaria, productiva que definitivamente respete los valores de cada pueblo campesino originario indígena”.
Porque según los recuerdos frescos que guarda Flores, el racismo está tomando una dimensión muy preocupante que es urgente detener, “personalmente he sido discriminado, golpeado y en todo momento me gritaban hay que acabar con el indio, porque este indio habla en los medios de comunicación…”.
El otro camino señalado es el impulso a una ley antirracismo que seguramente no será suficiente pero contribuirá a tipificar delitos de discriminación. Esta propuesta comienza a circular para ser consensuada en la sociedad. Porque “han utilizado la violencia, el racismo, la discriminación y la xenofobia como arma de lucha más que todo en contra de los pueblos originarios indígenas que es el pueblo mismo. Son unos cuantos los que pregonan y llevan adelante esta discriminación racial. Por eso tenemos que hacer una acción conjunta recogiendo todas las iniciativas, algunos plantean que debe haber un movimiento de lucha contra el racismo, otros que debe haber una ley y otros que se debe luchar desde la educación, desde la base misma de la sociedad”, insiste Flores.
Estas acciones permitirán determinar que “un miembro de la iglesia discrimina, un político discrimina, un revolucionario discrimina y hasta un indígena discrimina a su propia raza. Es increíble que se estén creando hasta bestias en la universidad contra su propia raza”.
En todo este proceso, no hay que perder de vista, advierte Flores, que el flagelo racial lleva a la pobreza. Si revisamos el tema tierras, por ejemplo, el pongueaje y servidumbre se da a raíz de la discriminación. Entonces para salir de este círculo, Wilber Flores plantea que la lucha contra el racismo es un desafío que está en nuestras manos. Pongámosla al frente.